LA PINGÜINA EMPERATRIZ

¡Al Colón, ...al Colón!

El Bicentenario de los Malos

Autor: Alejandro Borensztein

  • Los malos sabemos que las celebraciones no sirven para nada. Son meras excusas para que los pueblos festejen y crean, por un momento, que son felices y les va bien.
Esta semana el Jefe de Gobierno de la Ciudad invitó a la Excelentísima Presidenta de la Nación a la inauguración del Teatro Colón, pero en lugar de extender cordialmente la invitación a su honorable esposo y ex presidente, le hicimos decir que podía venir, palabra más palabra menos, con "el marmota ese con el que duerme". De ese modo, le dio a ella la excusa perfecta para evitar cualquier silbatina al ingresar al Colón, mandarlo al carajo, decirle que ella va a ir cuando se le da la gana, e invitarlo a que se meta en el upite el bandoneoncito aquel que le regaló la última vez que se vieron.

Si bien el objetivo principal del Club de los Malos (CDLM) es promover el malestar general, a veces nos gusta hacer que los tibios corderitos de Dios se sientan, por un rato, un poquito mejor. De ese modo, el posterior choque con la realidad es mucho más violento y efectivo.

De todos modos, el CDLM también se ha sumado a los festejos del Bicentenario mediante hechos y eventos que siempre son un aporte a la pulverización de los nervios de los ciudadanos y a la demolición, lenta pero efectiva, de su autoestima. Nos gusta hacer del encarajinamiento general una cruzada cotidiana.

Cada mañana nos esforzamos para instalar ese rictus en la cara del automovilista que enfrenta una calle cortada por repavimentación, sin que un simple operario o un mísero cartel le avisen al pobre tipo, un par de cuadras antes, que está a punto de ensartarse de manera inexorable frente a un callejón sin escape y sin salida.

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